Monday, July 24, 2006


Cada mujer es una posibilidad infinita. Por eso las sigo en la calle, invitándome a vivir posibles opciones, como un actor en busca de un rol, un papel en blanco que debe ser escrito, con sangre, con lágrimas o con la eyaculación blanca de la felicidad. Me pierdo en las avenidas, paso de un vagón a otro, hipnotizado con encajes estivales y piernas magnéticas que no se rinden.

Entonces veo posibles futuros, televisores encendidos, niños felices, niños tristes, casas vacías, cheques en blanco, autos en pana, botellas de vino, sillones, calendarios, termómetros, ataúdes. Y me alegro de ser solamente un voyerista de turno, un ser anónimo desafiando al destino con juegos infantiles de autodefinición.


Veo mujeres y formo parte de este baile cotidiano, de este teatro de azares y conexiones. Y las sigo, es verdad, como un perro detrás de un dueño, un vampiro que anhela un cuello venoso para morder y poder sobrevivir.

Fotografías internas de viajes diarios por las calles de asfalto, recomponer los fragmentos para recrear escenas que vendrán… o que nunca vendrán. Por mientras un café y la persecución de unicornios situados en oasis.

Porque Peter Ustinov tiene la clave: “las mujeres de ensueño son una ilusión óptica’’. La pura verdad.